-
El Evangelio Es Poder
Contributed by Wilbur Madera Rivas on Jan 22, 2026 (message contributor)
Summary: El evangelio es poder de Dios
La Señora Rosa María Mitchell ganó un premio. ¡Quién no estaría muy orgulloso de ganar un premio! Pero en el momento de la entrega pública no se le veía muy entusiasmada, como uno hubiera esperado.
Resulta que el premio que ganó fue el de un concurso lanzado por una compañía antiplagas que premiaría con una atención gratuita a su problema a la casa que resultara el caso más grave de infestación de cucarachas.
La Señora Mitchell ganó el concurso porque se calculaba que tenía en su casa de unas 60,000 a 100,000 cucarachas como residentes. Al estar recibiendo simbólicamente el vale de su premio, no se le veía muy orgullosa de haber ganado.
Y si hubieras sido tú, ¿sería una foto que subirías al Facebook o al Instagram con el título “bendecido”?
Quizá no lo haríamos por un poco de vergüenza. Es un poco vergonzoso ser la casa con más cucarachas de la cuadra. De este tipo de cosas pienso que todos nos avergonzaríamos, pero escucha algo que dijo el apóstol Pablo en Romanos 1:16ª NVI: “A la verdad no me avergüenzo del evangelio”.
Esto podría parecer extraño. De infestaciones de cucarachas podríamos estar avergonzados, pero ¿Del evangelio?
¿Por qué el apóstol sentiría la necesidad de aclarar de que si hay algo de lo que no se avergüenza es precisamente del evangelio? ¿Quién pensaría que cabría la posibilidad de avergonzarse de algo tan noble como el evangelio?
Y justamente Pablo, había dejado todo por el evangelio, su profesión, sus comodidades, su religión, ¿Cómo imaginar si quiera que se podía avergonzar del evangelio que predicaba?
Pero aún así, él lo aclara y lo subraya: “A la verdad no me avergüenzo del evangelio”, quizá porque sabe algo de nosotros. Reconoce que como creyentes podemos tender a sentirnos apenados, avergonzados o señalados, en algún momento o en algún contexto, de sostener como el fundamento de nuestras vidas el mensaje del evangelio.
Si somos sinceros, todos hemos estado ahí. Cuando estamos en el contexto de la iglesia y todos son afines al evangelio, hablamos con mucha confianza y con mucha seguridad de él; pero ¿qué tal cuando estamos en un contexto que es indiferente, opuesto o incluso hostil hacia el mensaje del evangelio que sostenemos?
Recuerdo que hace muchos años me reencontré con unos excompañeros de la universidad, de la facultad de educación, y comenzamos a ponernos al día acerca de nuestras vidas. Ellos me comentaban de los cargos o puestos en el sistema educativo a los que ya habían accedido y de su carrera en ascenso en el campo de la educación.
Y conforme se acercaba el momento de mi turno para hablar de mi “brillante” carrera, confieso que me vi tentado a pensar de menos de aquello a lo que había empezado a dedicar mi vida desde ese entonces como pastor de iglesia.
Por un momento, me vi tentando a buscar la manera de comunicar sobre aquello a lo que me dedicaba, de tal manera que no se escuchara, a los oídos de ellos, como algo simple, vano o incluso, tonto.
Confieso hermanos que, en esa circunstancia, por unos segundos, si quieres, experimenté “vergüenza” del evangelio. Lo vi como algo menor, algo sin brillo, algo superficial, algo no muy sofisticado, algo que quizá se debía ocultar o callar.
Tristemente, todos hemos estado ahí en algún momento de nuestra vida cristiana. Por ejemplo, a veces, en un restaurante, oramos con los ojos abiertos antes de los alimentos, porque sentimos un poco de pena de que nos vean haciéndolo públicamente y sobre todo si en otra mesa está alguien que nos conoce.
O como aquel hijo de pastor que cuando le preguntaban qué hacía su papá, el contestaba, “Mi papá es ministro”, como para dar entender, ministro de la corte o algo por el estilo.
Sí hermanos, Pablo sabía de esta lucha que todos podemos tener y por eso aclara, “En verdad, no me avergüenzo del Evangelio”. Como diciéndonos, ni ustedes deberían avergonzarse.
Pero el apóstol, no solo aclara que no se avergüenza del evangelio, sino nos dice por qué. Y su respuesta es muy importante para nosotros. Porque nosotros también debemos sostener el evangelio y compartirlo con toda confianza. Nosotros también debemos experimentar esa seguridad para vivir, hablar y anunciar el evangelio cueste lo que cueste.
Y Pablo sigue diciendo en Romanos 1:16a: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios”. Pablo sabía y tenía siempre presente algo del evangelio que nosotros a veces olvidamos: El evangelio es Poder de Dios.
El evangelio es poder. Hemos dicho este mes que el evangelio es una persona, es un mensaje y es una historia, y hoy cerramos con la verdad de que el Evangelio es poder, es poder de Dios.
Podemos avergonzarnos del evangelio porque quizá a veces lo vemos como un mensaje simple, insignificante, no tan sofisticado, anticuado, no tan popular, intelectualmente débil. De hecho, la Biblia dice que el mundo considera “locura” lo que predicamos como las buenas noticias.
Sermon Central