Esta semana recibí en mi teléfono la primera foto de la vida de una persona. Era la foto de una bebé recién nacida justo unos minutos después de nacer. Me la envió su padre, acompañada de palabras de gran emoción y gratitud a Dios.
Me la envió unos cuantos minutos después del nacimiento. Este padre no pudo esperar horas para dar la noticia, no pudo quedarse callado por un momento con esta información. Quería que todos sus familiares y amigos se enteraran de este evento tan esperado por este matrimonio.
Las buenas noticias no se pueden callar. Sentimos un impulso casi irresistible de compartirlas con los demás.
Este es el efecto que deben tener las buenas noticias en nosotros que hemos recibido el evangelio. Como sabemos, esta palabra significa: Buenas noticias. Hemos recibido las mejores y más grandiosas noticias que nos hablan de la trascendencia de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo que lidió con nuestro más grande problema que es el pecado y cómo ganó para nosotros el perdón de Dios y la bendición de estar en una relación con él para siempre por su gracia.
Entonces, los que hemos recibido tales noticias debemos tener ese mismo sentido de urgencia por compartir estas buenas noticias con otras personas.
De hecho, esta es la misión de la iglesia, la iglesia de Cristo tiene la misión de hacer discípulos del Señor.
Es por eso que en nuestra serie de sermones de febrero llamada: “Discipulado: Discípulos que hacen más discípulos” hemos estado reflexionando del discipulado en distintos contextos. Ya hemos hablado de discipulado en la familia y en la iglesia, y hoy nos ocuparemos de reflexionar en el discipulado en el contexto de la comunidad que nos rodea.
Es decir, queremos subrayar el hecho de que Dios nos ha colocado en una comunidad, un entorno, una ciudad, un estado, una región, en donde hay personas que no han conocido a Cristo y su evangelio.
Personas de todo tipo que deseamos compartirles para que sean discípulos, es decir, una persona que cree en Cristo, crece en Cristo y comparte a Cristo.
Queremos hacer discípulos en la comunidad que nos rodea y en la que vivimos. Es decir, queremos entrar en el proceso intencional, relacional y continuo por el cual la iglesia ayuda a cada persona a creer en Cristo, crecer en Cristo y compartir a Cristo, de modo que se formen discípulos que hagan más discípulos.
Para reflexionar en este tema del discipulado en el contexto de nuestra comunidad alrededor consideraremos un pasaje en 1 Corintios 9.
El cumplimiento de la misión llenaba el corazón del Apóstol Pablo. Este hombre que originalmente había decido acabar con todos los que creían en Cristo, pensando que era una misión que Dios le había encomendado, cuando conoció las buenas noticias, cuando conoció a Jesucristo, su vida dio un cambio radical de dirección.
De perseguidor pasó a ser perseguido por compartir con todas las personas las buenas noticias. Habiendo entendido que Dios le había colocado y preparado para esta tarea a través de todo lo que había vivido, su formación, sus habilidades y rasgos característicos, el expresa su corazón y misión en un pasaje en 1 Corintios 9:19-23.
El apóstol Pablo hablando de cómo aborda este tema de cumplir en su vida la misión de Cristo en su entorno alrededor, nos enseña y modela cómo debemos también nosotros abordarlo.
Por eso, veremos en este pasaje por lo menos tres actitudes importantes cuando queremos hacer discípulos en el contexto de nuestra comunidad alrededor.
Primero, debemos tener Una disposición servicial
Dice 1 Corintios 9:19: Aunque soy libre respecto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible.
Dice Pablo “soy libre respecto a todos” porque él era un ciudadano romano. Él no había comprado su ciudadanía, él había nacido como ciudadano. En la providencia de Dios, siendo judío de raza y religión, había nacido con los derechos que le procuraba y garantizaba el imperio romano. Esto era una gran ventaja.
Él podía moverse libremente por todo el imperio y ejercer en dondequiera sus derechos como ciudadano de Roma. Esto los demás apóstoles no lo podían hacer por no ser ciudadanos. Pero Dios, había colocado estratégicamente a Pablo, desde su nacimiento, para que influyera usando esta bendición especial, en pro del Reino.
Pero el apóstol dice algo extraordinario: “Aunque soy libre…de todos me he hecho esclavo”. Pablo estaba dispuesto a renunciar a su vida de privilegio con tal de servir en el reino. Habiendo entendido que Dios estratégicamente lo había colocado para cumplir la misión, voluntaria e intencionalmente salía de su zona de privilegio y comodidad (como si fuera esclavo) con tal de compartir las buenas noticias del evangelio.
Hacer discípulos en nuestro entorno implicara para nosotros salir de nuestra comodidad. Requerirá que invirtamos tiempo y recursos de todo tipo. Requerirá que hagamos cosas que pensando sólo en nosotros mismos no haríamos nunca, como invitar a tu jefe o a un familiar difícil a un evento cristiano, o dar amablemente, pero con seguridad, una opinión bíblica en tu grupo de compañeros del trabajo o la escuela que están diciendo al unísono lo contrario.
Puedes pensar ¿Por qué tengo que hacer estas cosas que no son tan cómodas o fáciles? ¡Soy una mujer y hombre libre para hacer lo que yo quiera! ¿Por qué tener que hacer estas cosas incómodas? ¿Por qué tengo que ceder el mejor asiento en la iglesia para que un visitante pueda sentarse en él?
¿Por qué tengo que estacionar mi carro un poco más lejos del edificio para que alguien que viene por primera vez pueda tener la comodidad y facilidad de estacionarse? ¿Por qué tendría que invertir recursos y tiempo para ir a buscar a su casa a mi invitado para llevarlo a una reunión cristiana? ¿Por qué tengo que ser intencional en saludar a las personas que no conozco en mi vecindario?
Porque las buenas noticias te han llegado y el Señor te ha colocado estratégicamente en tu entorno para que hagas discípulos saliendo de tu comodidad, pues el tamaño de las buenas noticias que has recibido, no debe quedarse contigo, sino deben llegar más allá de ti.
El discipulado siempre implicará una disposición servicial.
El discipulado de personas implica poner los intereses de alguien más antes de los nuestros. Requerirá tiempo, energía, recursos, y muchas veces incomodidad. Significará ajustar agendas, salir de nuestra zona de confort, invertir en relaciones que pueden ser complejas.
El discipulado en nuestro entorno significará sentarte con alguien que necesita consejo cuando tú preferirías descansar. Invertir tiempo en una persona espiritualmente necesitada y con vidas complicada. Quizá abrir tu casa, tu agenda o tu vida para caminar con alguien en su travesía con Cristo.
Para tener esta actitud necesitamos dejar de preferir lo que es más cómodo para mí, y comenzar a revestirnos de una disposición servicial que piense primero qué es lo más provechoso para el avance de la misión de Cristo.
Dios nos ha puesto rodeados de personas que necesitan ser discipuladas, pero alcanzarlas requerirá una disposición servicial.
Pero hay otra actitud importante para cumplir la misión. En segundo lugar, debemos tener Una flexibilidad Sabia.
Dice 1 Corintios 9:20-21: “Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la ley), a fin de ganar a éstos. Entre los que no tienen la ley me volví como los que están sin ley (aunque no estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin ley.
Dios había colocado estratégicamente a Pablo en medio de dos mundos. El conocía y se manejaba perfectamente en los dos mundos. Por un lado, como judío conocía las costumbres, prácticas, creencias, idioma de los judíos (los que estaban sometidos a la ley). Por otro lado, por haber nacido y crecido en el imperio romano conocía muy bien el mundo de los que no eran judíos (los que estaban sin la ley). Conocía sus costumbres, prácticas, creencias e idioma.
Sucedía con pablo algo así como lo que sucede con los hijos de los inmigrantes en los Estados Unidos. Por un lado, conocen por sus padres las costumbres e idioma de su país de origen, pero como están inmersos en la cultura estadounidense, aún más que sus padres, pueden navegar por ella con toda facilidad y propiedad.
Esto permitía a Pablo cierta versatilidad y flexibilidad. Cuando estaba con los judíos podía entender lo que hacían y cómo pensaban y usaba este conocimiento para hacer discípulos en medio de ellos. Cuando estaba con los no judíos, podía entender lo que hablaban, porqué lo decían y cómo pensaban, de esta manera podía ser más efectivo en compartir las buenas noticias con aquellos que no tenían ningún tipo de trasfondo bíblico.
Dios lo había colocado estratégicamente en medio de estos mundos y el aprendió a ser flexible para adaptarse dependiendo con quien estuviera hablando.
Esto no quiere decir que el apóstol transigía en sus convicciones bíblicas. ¡De ninguna manera! Él dice claramente, cuando yo estoy con los judíos que creen que por medio de la ley serán salvos, llego hasta donde puedo llegar con ellos, pero nunca olvidando que yo soy libre de la condenación de la ley sólo por medio de Jesús.
Por otro lado, cuando estoy con los que viven sin conocimiento de lo que agrada a Dios como nos indica la ley, llego hasta donde puedo llegar con ellos, pero nunca me olvido, que yo sí estoy sujeto a una ley, esto es, la ley de Cristo.
Por supuesto, el apóstol siempre tuvo muy claro donde poner el límite sabio a esta adaptabilidad o flexibilidad. El trazaba la línea en el pecado. No iba a hacer algo que ofendiera a Dios por un lado ni por el otro. Pero mientras se tratara de preferencias, de su comodidad, de tradiciones y reglas humanas, de costumbres y prácticas que no contravenían los mandamientos de Dios, estaba dispuesto a tener una sabia flexibilidad con tal de hacer discípulos de Jesucristo.
Pablo aprendió a ser flexible como una palmera en medio de un huracán. Estando bien enraizado en Cristo, sin transigir en su convicción firme en el fundamento del evangelio, podía inclinarse por un lado o por el otro según por donde viniera el viento. Según con quien estuviera hablando podía adaptarse sabiamente a la persona con tal de que conociera las buenas noticias.
Hacer discípulos en nuestro entorno que es tan variado implicara que seamos sabiamente flexibles. Según con la persona con quien hablemos debemos estar dispuestos a adaptarnos sabiamente a ellos con tal de comunicar el mensaje de Cristo.
El discipulado requiere una flexibilidad sabia. Esto significa aprender a escuchar antes de hablar. Significa comprender el mundo de las personas a quienes queremos discipular. Significa usar un lenguaje que puedan entender y conectar el evangelio con sus realidades.
Por supuesto, como pablo, debemos establecer muy claramente el límite: el pecado. No vamos a hacer algo que ofenda a Dios, es decir que contravenga alguna instrucción de la Palabra santa.
Pero fuera de eso, usando la sabiduría santificada que Dios nos ha dado, podemos hacer ajustes a nuestro lenguaje, nuestras prácticas, la manera en que nos sentimos más cómodos haciendo las cosas, con tal de comunicar las buenas noticias.
Así como Dios en su providencia hizo que Pablo pudiera comprender más de una cultura por simplemente haber nacido y crecido en ambas, así también a lo largo de tu vida te ha preparado para que entiendas varios mundos.
Estratégicamente te ha permitido quizá conocer el mundo empresarial, el mundo de la escuela pública o privada, el mundo del medio deportivo o artístico, el mundo de las colonias del norte o del sur, el mundo de la política, el mundo de la vida eclesiástica, (quizá en tu pasado antes de tu relación con Cristo) el mundo de las adicciones, el mundo del abuso y el maltrato…en fin, todo lo que has vivido, de alguna manera u otra, te equipa para ser aún más efectivo a la hora de hacer discípulos de Cristo.
Dios te ha colocado estratégicamente para hacer discípulos en tu entorno. ¿Quién mejor que tu empresario para hacer discípulos en ese mundo? ¿Quién mejor que tú profesionista para hacer discípulos en tu área de especialidad?
¿Quién mejor que tú que fuiste rescato por Dios de alguna adicción para hacer discípulos en el mundo de los que aun están esclavizados? ¿Quién mejor que tú que sufriste maltrato y abuso para discipular a aquellos que pasan ahora por situaciones similares a las que pasaste?
¡Dios te ha colocado estratégicamente! Puesto que entiendes como piensan, creen y actúan las personas en tu círculo de influencia, puedes adaptarte o ser sabiamente flexible con tal de comunicar con mayor efectividad las buenas noticias.
Una disposición servicial, una flexibilidad sabia, pero hay algo más que debemos agregar, por último, debemos tener un corazón misional.
El hacer discípulos, al final de cuentas, debe llegar a ser para nosotros los creyentes en Cristo, la misión de nuestra vida. Y es quizá allí donde necesitamos comenzar a considerar las cosas.
Quizá todavía no nos mueve esto del discipulado porque no lo vemos con un corazón misional.
Quizá la visión que tenemos para nuestra vida es muy pequeña. Quizá sólo queremos tener una vida tranquila de comodidad, trabajar, acumular, asegurar una buena vejez y luego morir.
Pero el apóstol Pablo tenía una visión de la misión de su vida mucho más grande que esto. El repite en varios versículos de este pasaje en qué quería invertir cada instante y cada respiro de su vida:
v.19 “…para ganar a tantos como sea posible”
v. 20 “…a fin de ganarlos a ellos” (judíos)
v. 21 “…a fin de ganar a los que están sin ley” (gentiles)
v. 22 “…a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles”
No veía una manera más provechosa e inteligente que invertir su vida en hacer discípulos de Cristo. Lo más importante, más allá de su comodidad y preferencias era que las personas creyeran en Cristo, crecieran a Cristo y compartieran a Cristo.
Comencemos a ver nuestras vidas con esta misma visión. Tengamos un corazón misional. Recuerdo que cuando estábamos en la preparatoria participábamos en un ministerio estudiantil en la prepa. Recuerdo que nuestros líderes nos decían: “Ustedes vienen a la escuela a hablar de Cristo y de paso a estudiar”.
Algunos tomaron muy literalmente estas palabras y no estudiaron y tampoco acabaron la preparatoria. Pero lo que estas palabras significaban era que viéramos nuestras vidas y circunstancias como oportunidades dadas por Dios para extender su reino.
Por supuesto, debíamos ser muy buenos estudiantes, pero como parte de estar convencidos de que la misión de nuestras vidas es y será: hacer discípulos que hagan más discípulos.
¿Dónde te ha puesto Dios? ¿En qué red de relaciones estás incluido? ¿Qué recursos están a tu disposición? ¿Qué privilegios gozas y puedes ejercer? ¿Qué habilidades y fortalezas tienes?
No estamos donde estamos, no conocemos a las personas que conocemos, no estamos en las circunstancias en las que estamos por pura casualidad. Todo forma parte de un diseño bien planeado. Tenemos una misión bien definida como creyentes de hacer discípulos que hagan más discípulos.
Cuando entendemos esto, empezamos a ver nuestra vida de manera distinta:
• Nuestro trabajo se convierte en un campo misionero.
• Nuestra familia se convierte en un espacio de formación espiritual.
• Nuestras amistades se convierten en oportunidades de discipulado.
• Nuestras circunstancias dejan de ser casualidades y se convierten en asignaciones divinas.
Como hijo de Dios nada en tu vida es accidental. Dios te ha colocado exactamente donde estás para que participes en su misión.
Por eso hermanos, al cumplir la misión en nuestro entorno desarrollemos una disposición servicial, una flexibilidad sabia y un corazón misional, encaminado a hacer discípulos en los contextos donde Dios nos ha colocado estratégicamente.
Nuestro anhelo y oración es que en nuestra iglesia los creyentes lleguemos a tener una Cultura de discipulado, es decir, un estilo de vida impulsado por la gracia en el que la comunidad de discípulos, intencional y naturalmente, invierte su vida en alguien más para guiarlos a Cristo, ya sea en el contexto de la familia, la iglesia, la comunidad que nos rodea y el mundo más allá de nuestras fronteras para la gloria de Dios.