Summary: El discipulado es una cadena espiritual, es involucramiento personal, es ejemplo testimonial y enseñanza intencional.

Estamos en nuestra nueva serie de sermones de febrero llamada: “Discipulado: Discípulos que hacen más discípulos” y es obvio el tema que estamos tratando… ¿verdad?

La semana pasada hablamos del discipulado en el contexto de la familia y hoy nos ocuparemos de reflexionar en el discipulado en el contexto de la iglesia.

Como iglesia hemos definido operacionalmente lo que es un Discípulo como una persona que cree en Cristo, crece en Cristo y comparte a Cristo.

Cada uno de nosotros debe preguntarse de acuerdo con estas descripciones ¿Soy discípulo?

Como iglesia tenemos la gran bendición de contar con una asistencia dominical promedio de un poco más de 700 adultos más niños en nuestras tres sedes. Eso sencillamente en asistencia.

¿Puedes imaginar el potencial que se tiene para el extendimiento del reino si cada uno de nosotros se vuelve un discípulo que cree en Cristo, crece en Cristo y comparte a Cristo? La visión es que cada uno de nosotros se vuelva un discípulo que hace más discípulos.

Por eso, los que somos ya discípulos debemos involucrarnos en el discipulado de alguien más. Como iglesia hemos definido discipulado como el proceso intencional, relacional y continuo por el cual la iglesia ayuda a cada persona a creer en Cristo, crecer en Cristo y compartir a Cristo, de modo que se formen discípulos que hagan más discípulos.

Para reflexionar en el discipulado en el contexto de la iglesia consideraremos unos pasajes en la Segunda epístola de Pablo a Timoteo.

En la segunda a Timoteo, Pablo está escribiendo quizá su última carta. El reconoce que ya está cerca de morir. Y su preocupación principal es que el evangelio y la fe continúen después de él. Timoteo es su discípulo, pastor joven en Éfeso, enfrentando falsos maestros y decadencia espiritual.

Cuando Pablo escribe esta epístola, la iglesia estaba enfrentando unos tiempos peligrosos. Falsos maestros estaban distorsionando la fe. La iglesia enfrentaba presión cultural y persecución. Y Pablo, sabiendo que pronto moriría, estaba preocupado por algo más que su legado personal, estaba preocupado por la continuidad del evangelio.

Por eso escribe esta carta a su discípulo Timoteo. Está pasando la estafeta espiritual a Timoteo y lo que recalca como la acción apremiante para afrontar los tiempos peligrosos y la continuidad de la fe por generaciones es, precisamente, el discipulado fiel.

En esta epístola se nos muestra cómo funciona el discipulado dentro de la iglesia.

Por eso, este día recalcaremos cuatro verdades acerca del discipulado en la iglesia, basadas en pasajes de la 2 epístola a Timoteo.

Primero, El discipulado es una cadena espiritual.

2 Timoteo 2:1-2 dice: Así que tú, hijo mío, fortalécete por la gracia que tenemos en Cristo Jesús. 2 Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros.

Aquí vemos como se debe perpetuar la fe en la iglesia de Cristo. Vemos cuatro generaciones involucradas. Primero estaba Pablo como creyente quien discipuló a Timoteo y a su generación. Luego, Timoteo debía hacer lo mismo con otros creyentes confiables para que ellos continúen enseñando a otros que vinieran detrás de ellos y así el evangelio seguiría corriendo aun cuando ni Pablo ni Timoteo estuvieran.

El discipulado es una cadena espiritual dentro de la iglesia cuyos eslabones son discípulos que hacen más discípulos para la gloria de Dios.

El discipulado no se trata nada mas de acumular personas, sino de habilitar personas que, a su vez, puedan contribuir en el discipulado de alguien más.

El discipulado en la iglesia es como una carrera de relevos donde cada creyente tiene una estafeta en la mano y debe recorrer el tramo de la carrera que le corresponde, pero debemos mirarnos como parte de equipo en el que hay un trabajo conjunto, pero a su vez, hay un trabajo que le corresponde a cada miembro del equipo.

Así como recibiste la estafeta, debes avanzarla y entregarla en la mano al corredor que te seguirá.

Quizá ese otro corredor en su tramo de la carrera va a ser más rápido, más capaz, más talentoso que tú, pero la estafeta en la carrera, la va a recibir de tus manos, por eso, es importante que le llegue íntegra, oportuna y fielmente.

Hermano, si eres discípulo de Cristo, eres parte de una gran cadena espiritual que, de persona a persona, de generación a generación, de época en época, va llevando la luz del evangelio hacia adelante. Pasa la estafeta que has recibido en tus manos.

Una pregunta entonces muy válida para todos los que nos consideramos discípulos de Cristo sería: ¿En el discipulado de quién estoy participando? ¿A quién estoy entregando la estafeta de la fe? ¿Cómo estoy desempeñándome como eslabón de esta gran cadena espiritual que es el discipulado?

Un paso importante para todo discípulo es cuando empieza a ayudar a alguien más a creer, crecer o compartir a Cristo. Es un proceso intencional, relacional y continuo en el que todos tenemos algo para dar como discípulos.

Quizá no estás listo para guiar y acompañar hasta la madurez a alguien más, pero lo que has recibido hasta este momento lo puedes compartir con alguien que empieza.

Cosas tan sencillas como enseñarle a buscar pasajes en la Biblia. Orar juntos. Hacer la lección del grupo pequeño con él o ella cuando se le dificulta hacerlo.

Otros más, quizá pueden guiar a alguien más en un grupo de conexión, de comunidad o del camino, todos grupos de discipulado. A veces, en un grupo pequeño todos los integrantes podrían estar discipulando a alguien más, pero quizá no queremos separarnos. Aunque sea difícil, el llamado que tenemos los discípulos es a hacer más discípulos de Cristo.

El discipulado es una cadena espiritual que debe continuar, pero es algo más, en segundo lugar, El discipulado es involucramiento personal.

Dice 2 Timoteo 3:10-11ª: Tú, en cambio, has seguido paso a paso mis enseñanzas, mi manera de vivir, mi propósito, mi fe, mi paciencia, mi amor, mi constancia, mis persecuciones y mis sufrimientos.

En el contexto, en los versículos anteriores en este capítulo 3, Pablo describe una realidad alarmante que estaban viviendo. Dice estamos vienen tiempos peligrosos espiritualmente.

En los versículos 1 al 9 Pablo describe el deterioro espiritual del mundo y que esto también tiene su repercusión dentro del contexto de la iglesia. Describe a personas que son Amadoras de sí mismas, amadoras del dinero, que fingen tener apariencia de piedad, pero que niegan el poder de Dios, en realidad.

Es un retrato impactante porque no está hablando de personas que se ostentan como incrédulos al evangelio, sino gente que asume una postura de religiosidad.

¿Cómo se pueden contrarrestar o contratacar estos tiempos peligrosos donde puede haber apariencia de religiosidad, pero en el fondo sea mera incredulidad?

La respuesta es el discipulado bíblico. El discipulado como Jesús; siguiendo las pisadas de Jesús. El discipulado que implica involucramiento personal tanto del discipulador como del discipulado.

En contraste a esas personas que eran aparentemente religiosas, Timoteo había sido discipulado en el evangelio. Le dicen: “Tú en cambio, a diferencia de esas personas”… “Tu has seguido paso a paso mis enseñanzas, mi manera de vivir…"

La frase "paso a paso" implica cercanía, convivencia, acompañamiento. Timoteo no solo escuchó sermones de Pablo, sino caminó con él, vio su vida diaria.

Recibió discipulado en varias áreas: Enseñanza, forma de vivir, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia. Este tipo de cosas no pueden solo leerse en un libro, sino se aprenden mejor cuando las vemos aplicadas en la vida diaria de un discípulo de Cristo.

El discipulado no ocurre solo en un salón de clases o en una sala con libros abiertos, sino ocurre también y sobre todo, en la vida diaria.

El discipulado avanza más rápidamente en conversaciones personales, en momentos de crisis, en el ejemplo cotidiano.

El discipulado va a requerir por tanto involucramiento personal de nuestra parte. Va a requerir tiempo y recursos, va a requerir no solo compartir conocimiento, sino la vida. Va a requerir relaciones espirituales intencionales.

El discipulado en ese sentido es invertir todo de mi vida en la vida de alguien más con tal de que la persona abrace todo de Cristo.

El discipulado no es algo opcional en los tiempos peligrosos que ya vivimos entre la primera y segunda venidas de Cristo.

Doy gracias a Dios por todas las personas que invirtieron su vida en mí y contribuyeron fielmente en mi discipulado. Recuerdo mucho a un joven apenas un poco mayor que yo en mis años de adolescencia que fue intencional en brindarme tiempo y atención para mi discipulado.

Con él a mis catorce o quince años íbamos en autobús a dar unos estudios bíblicos a una familia en el sur de la ciudad. Ver su ejemplo, fe y su dedicación, sin duda, fue parte de mi discipulado que me forjó para lo que he hecho como pastor estos últimos 28 años.

El discipulado es inversión personal de mi vida en la vida de alguien más. Una pregunta importante para los que somos discípulos sería: ¿En quién estoy invirtiendo de manera personal e intencional para que crea en Cristo, crezca en Cristo y comparta a Cristo?

Como discípulo, invita a personas intencionalmente a acompañarte para hacer lo que haces para el Señor. Permite que otros vean cómo te conduces, cómo tomas decisiones, cómo dependes del Señor.

Seamos intencionales en invertir en la vida de alguien más para el reino de Dios. Como vemos no se trata nada más de reunirnos una vez a la semana por hora y media para completar un material, sino es mucho más. Es inversión personal en otra vida para pasar lo que he recibido del Señor en términos del conocer, ser y hacer de la vida en Cristo.

El discipulado es inversión personal, pero es algo más. En tercer lugar, El discipulado es ejemplo testimonial.

2 Timoteo 3:11-13 dice: Estás enterado de lo que sufrí en Antioquía, Iconio y Listra, y de las persecuciones que soporté. Y de todas ellas me libró el Señor. Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús, mientras que esos malvados farsantes irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.

Pablo habla de un lado que, tristemente, poco hablamos como discípulos de Cristo. Pablo menciona persecuciones y sufrimientos que Timoteo conocía de primera mano.

Timoteo había visto sufrir a Pablo este tipo de oposición. Había visto en la vida y testimonio de Pablo lo que significa ser discípulo en un mundo hostil. Su discipulado, por medio del ejemplo testimonial de Pablo, lo había preparado para cuando le llegara el momento, no pensara que estaba ocurriendo algo extraño, sino ante todo, que era algo totalmente esperado.

Después de todo, Jesús mismo lo dijo: El que quiera ser mi discípulo niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame.

El discipulado debe proveer a los discípulos del suficiente ejemplo y testimonio por parte de los discipuladores para que vean y sepan y estén preparados para vivir el evangelio en la vida real de lágrimas y risas.

El discipulado incluye enseñar las implicaciones de ser discípulos, entre ellas, incluso está la de sufrir por Cristo.

No se hacen falsas promesas, ni se suaviza el asunto, se dice que todos los que quieran vivir piadosamente serán perseguidos. El discipulado no solo debe prepararnos para las bendiciones, sino también para la fidelidad a Cristo.

El discipulado verdadero comparte un evangelio verdadero, por el cual no sólo se vive, sino también por el cual se está dispuesto a morir. El discipulado verdadero se muestra con el ejemplo y testimonio hasta sus últimas consecuencias.

Los discípulos necesitan ver cómo otros creyentes enfrentan el dolor, la persecución y las pruebas, en la vida real para estar preparados cuando les llegue su momento de enfrentar todo esto.

El discipulado a través del testimonio y ejemplo de los discipuladores debe ayudar a las personas a aprender a perseverar pase lo que pase.

Una pregunta importante para los que somos discípulos sería: ¿Mi ejemplo y testimonio está animando a otros a permanecer fieles a Cristo? ¿Cómo la manera en la vivo la fe en Cristo desafía a otros creyentes que están a mi alrededor?

Aun en medio de sufrimientos, podemos ser catalizadores de crecimiento en la vida de otros. Nuestro ejemplo testimonial puede ser usado por el Señor para impactar la vida de otros discípulos de Cristo.

Es una cadena espiritual, es un involucramiento personal, es ejemplo testimonial, pero el discipulado es algo más. Por último, El discipulado es enseñanza intencional.

2 Timoteo 3:14-17 dice: Pero tú permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.

Aquí se establece el ancla del discipulado. Timoteo había aprendido algo vital desde la niñez y hasta la vida adulta a través de todos los que invirtieron su vida en él (madre, abuela, Pablo y quizá muchos más), y este asunto era el ancla de donde no se debía mover. Sino debía permanecer firme y convencido.

Pablo le recuerda a Timoteo que el ancla de todo discipulado es la Escritura, la Palabra de Dios. El discipulado se centra, se basa y se fundamenta en el aprendizaje y apropiación de las Escrituras para convertirlo en vida.

Lo que los discípulos necesitan es aprender la revelación de Dios en la Escritura para vivir y obedecerla todos los días de su vida.

De hecho, Jesús, al enviar a sus discípulos a hacer más discípulos, les dio la instrucción explícita que les enseñaran a “guardar u obedecer” todo lo que les había mandado.

Así que, el discipulado en la iglesia debe caracterizarse por la enseñanza intencional y decidida de las verdades de la Escritura.

La Escritura es la autoridad absoluta a la cual los discípulos debemos sujetar nuestras vidas.

La Escritura es útil para:

1. Enseñar — Forma creencias correctas

2. Reprender — Confronta el pecado

3. Corregir — Restaura el camino.

4. Instruir en justicia — Forma carácter y el ser de la persona

Con la Escritura en el centro del discipulado, lo que se busca no es solo conocimiento bíblico, sino la formación de discípulos maduros y preparados para servir.

El discipulado debe estar centrado en la Escritura. Esta enseñanza debe ser constante e intencional. Se trata de que los discípulos se acerquen a la Escritura para aplicarla a vida diaria, no solo para conocerla intelectualmente.

Por eso, no dejamos de insistir en la lectura, estudio y obediencia a la Escritura. No hay atajos, es necesario e imprescindible que cada discípulo sea intencional en aprender las verdades de la Escritura.

La Escritura es la enseñanza central del discipulado. Lo que toda persona necesita es la Palabra de Dios. Seamos intencionales en estudiarla con alguien más. Lo que has aprendido de la Biblia, compártelo con alguien más.

Hermanos, la iglesia tiene la misión de hacer discípulos que hagan más discípulos.

Hoy hemos querido subrayar que el discipulado no es simplemente una actividad más dentro de la iglesia, es la misión misma que Cristo nos dejó.

Cada uno de nosotros está aquí porque alguien, en algún momento, decidió no guardarse el evangelio, sino invertir su vida para que hoy tú y yo pudiéramos conocer a Cristo. Ahora la estafeta está en nuestras manos. El evangelio debe seguir avanzando más allá de nosotros.

No se trata de si somos los más preparados, los más sabios o los más capaces; se trata de si estamos dispuestos a amar lo suficiente a Cristo y a las personas como para compartir nuestra vida, nuestra fe y la Palabra de Dios con alguien más.

La iglesia que transforma generaciones no es la que solo se reúne, sino la que discipula. Que cuando el Señor mire nuestra iglesia encuentre discípulos que creen en Cristo, que crecen en Cristo y que están comprometidos a compartir a Cristo en todo lugar donde nos ha puesto.

Hoy es el momento de tomar la estafeta, correr nuestro tramo con fidelidad y pasar el evangelio a la siguiente generación para la gloria de Dios.