Hace unos días mi esposa estaba leyendo con su mamá, de 91 años, unas notas biográficas de Don Eligio Natalio Granados quien fue el abuelo de mi suegra.
Don Eligio Granados fue un pastor presbiteriano muy activo en el estado de Tabasco y escribió una autobiografía con puño y letra para su familia en el año 1859. Tuvo 11 hijos y una de sus hijas fue Berta Delia, madre de mi suegra y abuela de mi esposa.
Los años han pasado factura sobre la memoria de mi suegra, pero al estar repasando los datos históricos de su familia, le hacen dar más sentido a su presente y a su identidad. Repasar su historia le ayuda a orientarse en su presente.
Cuán importante es conocer nuestra historia. Nos da sentido de identidad, nos orienta en el espacio y el tiempo y nos ayuda a tomar decisiones del rumbo de nuestras vidas.
Este mes hemos estado considerando el concepto bíblico del “evangelio” y hemos dicho que el evangelio es una persona y también que es un mensaje. Hoy queremos agregar otro ángulo a todo esto y decimos que el evangelio es una historia.
Efectivamente, pensamos en el evangelio más que nada como un mensaje que creemos y compartimos (y es verdad), pero la Biblia cuando habla del evangelio lo hace en términos históricos: nos habla de eventos realizados y consumados en el tiempo y el espacio. Nos habla de realidades históricas en el pasado que tienen efectos para siempre. Nos habla de secuencias de actos de Dios en el pasado que han traído realidades en el presente y en el futuro. El evangelio es una historia. Y en esta historia el personaje principal es Jesucristo.
El apóstol Pablo habla del evangelio en términos de una historia en un pasaje en la primera epístola a los corintios.
En 1 Corintios 15 dice estas palabras como antecedente a una amplia discusión sobre la creencia cristiana de la resurrección de los muertos, que es piedra angular en el evangelio de Jesucristo.
Dice 1 Corintios 15:3-4 NVI dice: Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras.
Cuando se trata de hacer un resumen del evangelio en este contexto, el apóstol lo hace de una manera sorprendentemente sencilla y concreta, y lo resume con una secuencia de hechos históricos: Cristo murió, fue sepultado y resucitó.
El evangelio no es presentado como algo poético, simbólico o místico. Es presentado como historia. Algo que sucedió en el espacio y en el tiempo. Algo que ha quedado registrado y comprobado por personas que lo atestiguaron y lo vieron.
Además, estos eventos históricos están conectados con lo dicho en la Escritura. Todos estos actos históricos sucedieron en concordancia con lo afirmado y predicho en la Escritura.
Es decir, estos eventos no son accidentales; son el cumplimiento del plan redentor de Dios anunciado en la Escritura. La historia del evangelio es historia interpretada por Dios mismo en la Escritura.
Por eso, la historia que encontramos en toda la Biblia es la historia del evangelio. Jesús mismo dijo que toda la Escritura habla de él, como vemos en Lucas 24:27 cuando habló con dos de sus discípulos después de la resurrección en camino a Emaús: Entonces, comenzando por Moisés y por todos los Profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Puesto que el evangelio es una historia, podemos ver, a lo largo de toda la Escritura, la historia de Cristo. La manera histórica en la que Dios ha traído la salvación en Jesucristo, a través de todas las edades. Y cómo la vida, muerte, resurrección, ascensión y regreso de Jesucristo son los grandes actos de Dios para la salvación del ser humano, anunciados y proclamados en el evangelio a lo largo de toda la Escritura. El evangelio es una historia, es la historia de la redención en Cristo.
Por eso, en toda la Biblia encuentras el evangelio. No importa donde la abras, a partir de donde leas, en toda la Biblia encuentras la historia de historias. La historia unificada que da sentido e identidad a nuestra fe y a nuestras vidas.
Así como ver nuestras vidas a la luz de nuestra historia familiar, como creyentes, de manera semejante, es muy importante ver nuestras vidas a la luz de la historia del evangelio. Es importante interpretar todo a la luz de la historia del evangelio. Es importante repasar y repasar la historia de historias porque esta historia le da sentido a todo lo que somos y seremos en Cristo.
El evangelio es la historia que nos dice que Dios a lo largo de los siglos ha preparado todo para que su reino sea establecido en la tierra con su imagen perfecta en el trono reinando en el cielo y en la tierra.
Y desde génesis a apocalipsis, vemos cómo Dios actuó en el espacio y en tiempo para que Él sea nuestro Dios y nosotros seamos su pueblo. Esta historia apunta y señala a Jesucristo como el autor y consumador de nuestra fe. Como el Alfa y la omega, como el principio y el fin, como el rey de reyes y Señor de señores.
Y el apóstol pablo, en los primeros 11 versículo de 1 Corintios 15 nos va a presentar este evangelio y derivaremos de este pasaje, por lo menos, tres verdades sobre el evangelio como historia. Tres descripciones del evangelio como historia.
En primer lugar, El evangelio es una historia creída.
1 Corintios 15:1-2 NVI dice: Ahora, hermanos, quiero recordarles las buenas noticias que les prediqué, las mismas que recibieron y en las cuales se mantienen firmes. 2 Mediante estas buenas noticias son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.
En 1 Corintios 15, el apóstol va a defender la doctrina de la resurrección de los muertos y comienza hablando de las “buenas noticias” o el “evangelio” que había predicado originalmente a los corintios.
Pablo comienza recordándole a la iglesia algo que ya conocen. No les presenta una novedad. Les recuerda la misma historia que ya habían recibido y creído originalmente.
Observa el lenguaje que utiliza: recibieron, se mantienen firmes, son salvos.
El evangelio no es algo que ellos produjeron; es algo que les llegó. No nació en Corinto, ni en la mente de Pablo. Fue recibido y creído como se recibe una noticia, como se recibe un testimonio, como se recibe una historia verdadera.
Creer el evangelio no es simplemente aceptar una idea religiosa; es confiar en que algo ocurrió realmente y que ese evento tiene implicaciones eternas para nuestra vida.
Los que ponemos nuestra fe en el evangelio, estamos poniendo nuestra vida y fe en una serie de realidades históricas que sostenemos como verdad y nos aferramos a ellas firmemente. La promesa es que al haber abrazado por la fe estas realidades históricas de los actos redentores de Dios, somos salvos.
En pocas palabras, hermanos, estamos creyendo una historia. Estamos creyendo la versión de la historia según Dios y que nos ha llegado a través de la predicación que creímos. Estamos creyendo que ciertos actos, realizados culminantemente por Jesucristo en el espacio y el tiempo, son suficientes para que seamos salvos. Y en esto nos mantenemos firmes hasta el fin.
Cuando atravesamos crisis, dudas o cansancio espiritual, muchas veces pensamos que necesitamos algo nuevo, algo que no hemos aun recibido, algo novedoso. Sin embargo, Pablo nos recuerda que la vida cristiana se sostiene no por novedades espirituales, sino por permanecer y creer la misma historia.
Nuestra vida cristiana no está sostenida por cuán fuerte es nuestra devoción, sino más bien por cuán firme y sólida es la historia en la que confiamos. Eso va a hacer la diferencia. ¿Qué historia has estado creyendo? ¿Has creído la historia verdadera del evangelio? ¿O alguna versión de fabricación humana?
Por eso, Vive tu presente a la luz de la historia que has creído. Así como conocer la historia familiar da identidad y orientación, creer la historia del evangelio redefine quién eres hoy. No eres definido principalmente por tu pasado, tus fracasos o tus logros, sino por lo que Cristo ya hizo por ti en la historia.
Cuando enfrentes culpa, vergüenza o inseguridad, recuerda: mi identidad no está en lo que yo hice, sino en lo que Cristo hizo en la historia y que el evangelio subraya.
Aprendamos a predicarnos el evangelio cada día. Si has creído la gran historia, aférrate a ella en cualquier circunstancia de tu vida. Esta es la historia segura, esta es la historia que termina bien. Esta es la historia de Jesucristo que hemos recibido por la fe y fue predicada desde el principio.
Pero el evangelio no sólo es una historia creída, sino también, en segundo lugar, El evangelio es una historia confirmada.
1 Corintios 15:3-8 NVI dice: 3 Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, 4 que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, 5 que se apareció a Cefas y luego a los doce. 6 Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. 7 Luego se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles, 8 y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.
El tema central a tratar en este capítulo de la epístola era la resurrección de los muertos; enseñanza que tal parece que algunos en la iglesia de corinto, no creían. Pablo decide partir en su argumento, repasando los hechos básicos del evangelio y hace un recuento de la historia del evangelio: Cristo murió, fue sepultado y resucitó al tercer día.
Es contundente. Estos hechos históricos son la base de nuestra fe, afirma el apóstol. Nuestra fe es histórica, no está basada en conceptos abstractos o ideas o imaginaciones, sino en eventos en la historia. De hecho, puede ser investigado y corroborado porque sucedió en la vida real.
El último de los eventos históricos mencionado en su recuento es la resurrección de Jesucristo. Y para este en particular, presenta una lista de corroboraciones, de testigos que dieron fe de que vieron vivo a Jesucristo después de haber muerto en el calvario.
Su resurrección es confirmada por Cefas o Pedro, por los doce discípulos, por más de 500 personas de quienes quedaban algunos vivos aun en el tiempo de Pablo, por Santiago y remata dando su testimonio personal.
Este evangelio que está sostenido por hechos históricos, es un evangelio que es confirmado o corroborado por muchas personas desde el principio.
La versión de la historia que nos ha llegado en el evangelio no es una historia que una sola persona sostuvo, sino fue corroborada desde el principio por muchas personas que vieron a Jesús vivo. Tenemos un evangelio confirmado.
Pedro lo dice así en 2 Pedro 2:16: Cuando les dimos a conocer la venida de nuestro Señor Jesucristo en todo su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos, sino dando testimonio de su grandeza que vimos con nuestros propios ojos.
La fe cristiana es histórica en el sentido de que los que la vivieron dieron testimonio fehaciente de lo que escucharon, presenciaron y vieron con sus propios ojos. No son supersticiones, son hechos históricos confirmados.
Hermano, tenemos el evangelio que es historia confirmada y ese es el más firme fundamento de nuestra vida.
Por eso, ancla tu esperanza en hechos consumados, no en emociones subjetivas. Pablo fundamenta la fe cristiana en eventos históricos confirmados, no en sentimientos cambiantes. Eso significa que la esperanza cristiana es firme incluso cuando nuestras emociones puedan fallar en un momento dado.
Así que cuando no “sientas” a Dios, recuerda que Cristo sigue igual resucitado. Aprende a decir: “aunque no lo entiendo todo, sé muy bien lo que ocurrió en la historia y creo el evangelio”.
Este evangelio nos afirma que una de las realidades históricas que comunica es que Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día.
Esa verdad es la que servirá en el resto del capítulo para corregir la enseñanza equivocada en Corinto.
Nuestro evangelio confirmado nos dice que Jesucristo resucitó y si su resurrección es un hecho histórico, entonces, todo tiene sentido, cobra sentido, nuestra fe, nuestra vida e incluso nuestra muerte.
Por ese evangelio, enfrenta el sufrimiento con la certeza de la resurrección. Si Cristo resucitó históricamente, entonces el dolor no es el capítulo final.
Si Jesús murió y resucitó como dice el evangelio, entonces, todos los que creyeron en él y murieron en verdad han recibido todas las promesas en Cristo.
Si Jesús murió y resucitó como dice el evangelio, entonces, esa enfermedad, esa amenaza, esa circunstancia que te quita el sueño, no marca el final del que está en Cristo.
Si Jesús murió y resucitó como dice el evangelio, si estos son hechos históricos confirmados, entonces, tiene todo el sentido del mundo mantener nuestra vida sostenida solo por el Cristo vivo en quien creemos y anhelamos ver cara a cara.
Si el evangelio es historia entonces, tiene sentido nuestra fe nuestra vida y nuestra muerte.
El evangelio es una historia creída y confirmada, pero en este pasaje encontramos algo más sobre el evangelio. En tercer lugar, El evangelio es una historia compartida.
1 Corintios 15:9-11 NVI dice: Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y la gracia que él me concedió no se quedó sin fruto. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En fin, ya sea que se trate de mí o de ellos, esto es lo que predicamos y esto es lo que ustedes han creído.
Pablo pasa de los hechos históricos al testimonio del evangelio en su propia vida. No por hablar de sí mismo, sino para mostrar que el evangelio no solo se cree ni solo se confirma, sino, sobre todo para mostrar que este evangelio, esta historia, se comparte.
La vida de Pablo es evidencia de que la historia del evangelio sigue produciendo efectos. El evangelio es tan poderoso, que el perseguidor se convierte en apóstol; el enemigo en testigo, no por mérito propio, sino solo por gracia.
Pablo no está presumiendo su ministerio, todo lo contrario, confiesa su indignidad. Pero, precisamente ahí vemos el poder del evangelio: la misma historia que salva, es la historia que nos impulsa a compartirla.
Compartir el evangelio no significa tener todas las respuestas, sino contar fielmente la historia que nos transformó.
No somos llamados a ser originales, sino fieles a lo que hemos recibido.
Cada creyente en Cristo, con su vida, da testimonio de que esta historia sigue escribiendo nuevos capítulos en corazones reales, de personas reales, de situaciones reales. Esta historia sigue haciendo historia por el poder y la gracia de Cristo.
Por eso, haz que tu vida sea evidencia de la realidad de la historia. Permite que otros vean cómo el evangelio moldea tu carácter, tu manera de ser, de vivir, de perdonar y de amar. Vive de tal manera que tu historia apunte a la historia de Cristo.
Comparte el evangelio con fidelidad. No somos llamados a inventar una nueva historia, sino a transmitir fielmente la que recibimos. Cuando compartas el evangelio, enfócate en lo que Cristo hizo y habla del evangelio como historia: vida, muerte y resurrección de Jesús.
Recuerda que la gracia que te salvó es la que te envía al mundo a compartir la historia. La gracia nunca es estéril; produce testigos humildes y fieles. Ora para que Dios te dé oportunidades naturales para contar esta historia. Sé un discípulo que haga más discípulos.
Hermanos, como hemos visto, el cristianismo no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con los actos históricos que Dios hizo por nosotros en Cristo.
El evangelio es: una historia creída, que nos salva y nos sostiene; es una historia confirmada, que nos da esperanza firme; es una historia compartida, que transforma vidas y nos envía al mundo.
Que el Señor nos conceda no reducir el evangelio a palabras repetidas, sino vivir como un pueblo que habita dentro de la historia redentora de Dios. Cree esta historia cada día. Descansa en esta historia, aunque todo tiemble y comparte esta historia con fidelidad y esperanza.
Porque el evangelio no es solo el mensaje que anunciamos,
sino la historia en la que ahora vivimos para la gloria de Dios.