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Summary: El evangelio es una persona.

En el ámbito religioso solemos tener ciertas palabras que repetimos mucho, asumiendo a veces, que todos entendemos lo que significan. Así está, por ejemplo: “la gloria de Dios”, “gracia”, “Trinidad”, “Santo” y muchas más. Son palabras que usamos en nuestra comunicación cotidiana como creyentes en Cristo.

Una de esas palabras muy usadas, pero quizá no tan comprendida es la palabra “Evangelio”. A un nivel muy básico, casi todos comprendemos que evangelio quiere decir, etimológicamente, “Buenas nuevas, o buenas noticias”.

Sin embargo, aunque parezca una palabra sencilla o fácil de comprender, en su uso bíblico, tiene un significado complejo y lleno de implicaciones.

Por eso, este mes nos dedicaremos en nuestra nueva serie de sermones a explorar el significado e implicaciones del evangelio para nosotros, como pueblo del Señor. Queremos lograr una comprensión más profunda del Evangelio, para que lo vivamos y compartamos con mayor convicción.

Al hablar del evangelio como una buena noticia, nos queda claro que se trata de un contenido o una serie de verdades o mensajes que tienen que ver con lo que Dios ha hecho con respecto al ser humano, siendo central la obra de Cristo. Son buenas noticias y tienen que ver con palabras y hechos provenientes del Señor.

Si bien el evangelio es básicamente un mensaje maravilloso que se abraza y se cree, en realidad es mucho más que eso. Hoy queremos subrayar el hecho de que el evangelio es una persona, no solo un mensaje. Las buenas noticias están encerradas en una relación con una persona.

El evangelio no solo es palabras o declaraciones, sino mucho más que eso es una relación con la persona y obra de Jesucristo. El evangelio es Jesús. El evangelio es una persona. El evangelio no es solo un mensaje que se aprende,

es una Persona que se conoce.

Para reflexionar en esta verdad consideraremos dos capítulos de una de las epístolas del Nuevo Testamento cuyo tema central y directo es, precisamente, el evangelio. Me refiero a la epístola paulina a los Gálatas.

El problema básico tratado en toda esta epístola es la defensa de ataques que estaba recibiendo directamente la pureza del evangelio de Jesucristo, y para tal efecto, ataques o distorsiones a lo que creemos de Jesús y su obra.

El problema en Galacia no era que la gente negara a Jesús abiertamente, sino que lo estaban reduciendo, complementando, ajustando. Y cuando Cristo deja de ser suficiente, el evangelio deja de ser evangelio. Porque el evangelio es una persona.

En este contexto veremos tres verdades de lo que implica el evangelio, siendo más que solo un mensaje, siendo una persona: Jesucristo, nuestro Señor.

La carta fue escrita por el apóstol Pablo a iglesias gentiles en la región de Galacia. Después de que Pablo predicó el evangelio y esas iglesias fueron plantadas, llegaron otros maestros —conocidos como judaizantes— que decían:

“Creer en Jesús está bien, pero no es suficiente. Hay que añadir la ley, la circuncisión, las obras.” Es decir, a lo que Cristo hizo en su obra de redención, hay que agregarle el esfuerzo o mérito humano personal para que se complete la medida requerida.

Pero como veremos, esto no era un simple desacuerdo teológico. Era una amenaza directa al corazón del evangelio. Era poner en duda a Cristo mismo. La pregunta era clara:

¿Es Jesucristo suficiente o no?

Por eso Pablo escribe con urgencia, sin elogios iniciales, sin rodeos. Porque cuando el evangelio, que es Cristo, está en juego, no hay espacio para la neutralidad.

En Gálatas 1:6-7 dice la Escritura: Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.

Los gálatas estaban dejando el evangelio puro que se les había enseñado, ese que decía que la persona y obra de Jesucristo es la única provisión de un Dios de gracia para el pecador. Que fuera de Jesucristo no es posible estar en una relación correcta con el Padre, que sólo por la gracia de Dios que se manifiesta en su provisión en Cristo es posible recibir el perdón de los pecados, que sólo es por medio de la fe es que se recibe este regalo eterno, no por mérito ni por obras propias, pues si no es por Jesucristo, estamos condenados eternamente.

Los gálatas estaban dejando esta verdad por otro mensaje impostor del evangelio que decía que Jesucristo, básicamente no era suficiente, que debías agregar a Jesucristo algo más para estar completo. Esto era abandonar el evangelio. Los gálatas estaban dejando el evangelio de Jesucristo y Pablo es enfático en recalcarlo.

Esto es tan grabe que el apóstol dice en este pasaje que está dispuesto a ser Anatema por este evangelio. En protección a este evangelio está dispuesto a ser por siempre condenado si es que osara él mismo adulterar el evangelio. Hay que proteger este evangelio cueste lo que cueste, y se automaldice en caso de alterar lo que se ha recibido de parte de Dios. Porque cambiar el evangelio es cambiar a Cristo. Abandonar el evangelio es abandonar a Cristo. Porque el evangelio es una persona.

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